“Los adolescentes están desamparados después de Cromañón”
“Cromañón está muy mal leído por la sociedad, porque no quiere ver lo que sucedió y prefiere no hacerse cargo de las muertes de los jóvenes”. Así opinan Violeta Rosemberg y Cecilia Flachsland, que estudian desde hace dos años lo que sucedió en la noche del 30 de diciembre de 2004 –el incendio del boliche y la muerte de 194 personas- y sus implicancias en la cultura argentina. Rosemberg es politóloga y Flachsland es licenciada en Ciencias de la Comunicación, ambas de la UBA. Entrevistaron a padres, sobrevivientes y especialistas, fueron a recitales de Callejeros, estudiaron con detenimiento el santuario intentando responder por qué Cromañón quedó como un hecho aislado en la sociedad argentina y bajo la premisa de que las muertes se dieron en el marco de un Estado que se retiró en la década del 90. También recorrieron escuelas secundarias rastreando “el comportamiento de los jóvenes a partir de conocer los riesgos eventuales que corren”. Los adolescentes tienen nuevos miedos, “porque las instituciones que antes se encargaban ya no están, y eso se vio en Cromañón”. Ante esa circunstancia, las investigadoras creen que hay un autocuidado de los jóvenes parecido al que existió aquella noche, donde el 60% de los muertos fueron chicos que entraron a salvar a otros. “Había cierta solidaridad que hay que tener en cuenta”, aseguran las especialistas. “No hubo una gran enseñanza para la sociedad y los jóvenes en particular, sino sobre todo miedo”, dicen. Y agregan que eso se ve en que las cláusulas que se hicieron cumplir a rajatabla luego de la tragedia hoy ya no se cumplen. “Es pedirle a las culturas juveniles que se comporten bien cuando nadie se los enseñó, y cumplir con reglamentaciones de países centrales en la Argentina, se sabe, es imposible”, aseguran las profesionales que están compilando su trabajo para un libro de próxima aparición. Según Rosemberg, “las condiciones, quizás no en la ciudad de Buenos Aires pero sí en Buenos Aires, están dadas para que Cromañón vuelva a pasar en cualquier lado, en cualquier momento. Aunque, sin dudas, hay sectores más proclives”. “Ante la muerte masiva de jóvenes, la sociedad se ciega o prefiere no mirar”, asegura Rosemberg. (Crítica de la Argentina, pág. 33, 17/9/08) |