DOCUMENTOS Al llegar el año 1810, Mariano Moreno, encargó al Coronel Pedro A. García estudiar la situación de la frontera, a estos efectos, garcía se agregó a la expedición que ese año partía a las Salinas Grandes en busca de sal y, dentro de un espíritu conciliador con el indio escribía: “En la estrecha faja que forman los ríos Paraná y Salado, no caben las poblaciones de nuestros labradores y hacendados … se han visto precisadas las familias, contra lo estipulado en las paces celebradas con los pampas, a pasar los límites del Rio Salado… lo que debería mirarse por aquellos como una manifiesta infracción y declaración de guerra. Errado fue y muy dañoso…el deseo de conquistar a los indios salvajes a la bayoneta…” ( Diario de un viaje a Salinas Grandes). La paz con los indios prosiguió hasta cercano 1815 pero el factor económico determinó la necesidad de expandir las fronteras, esto llevó a los cristianos a sobrepasar cada vez más El Salado, entre ellos encontramos a Francisco Ramos Mejía y a Juan Manuel de Rosas, quienes se encontraban entre los que tenían cordiales relaciones con el indígena, pero no todos se avenían a esa conducta por lo que en 1820 las hostilidades se reanudaron abiertamente. Para esa fecha, Yanquetruz cacique de los Ranqueles, atacó el pueblo de Salto, dejando gran cantidad de víctimas, este hecho motivó que el entonces gobernador de la provincia de Buenos Aires, Martín Rodríguez salió en una expedición punitiva atacando a tribus Araucanas que aún vivían en paz con los cristianos. Este hecho, provocó la reunión de todas las tribus para arrasar grandes sectores de la frontera. Con el objeto de lograr la paz, nuevamente es designado Pedro A. García en 1822, quién logró con los indios un importante “parlamento” en el que uno de los caciques principales por medio de un intérprete manifestaba; “ …que los deseos de todas las tribus eran celebrar la paz con la provincia… que anhelaban el sosiego y la tranquilidad y el comercio legal que les producía grandes ventajas; que por esa opinión estaban todos… que los tratado debían ser inmutables… que los cristianos siempre habían sido los primeros en romper la guerra … o que de no, se recorriese la historia de las guerras anteriores y e verá que injustas fueron, sin que ellos jamás hubiesen hecho otra cosa que defender sus propiedades… que si sus paisanos habían invadido y robado las poblaciones d la frontera en repetidas veces, había sido en justa represalia de las usurpaciones de terrenos y violaciones continuas de sus propiedades e intereses” ( Diario de la expedición de 1822 a los campos del Sud de Buenos Aires) La intervención de Pedro García nada logró y el gobernador Martín Rodríguez emprendió nuevas campañas. En la emprendida en 1823 fundó el fuerte Independencia (luego Tandil) y más tarde llegó hasta Bahía Blanca. En el “Diario del Ejército” de su campaña, llegaba a la conclusión de que: “ La experiencia de todo lo hecho nos enseña el modo de manejarse con estos hombres: ella nos guía al convencimiento de que la guerra con ellos debe llevarse al exterminio… En la guerra se presenta el único remedio bajo el principio de desechar toda idea de urbanidad y considerarlos como enemigos que es preciso destruir y exterminar” (Vicente G. Quesada: Las fronteras y los indios). Este criterio de exterminio, fue el que presidió la acción del Coronel Federico Rausch, oficial prusiano que había servido a Napoleón quién emprendió varias campañas especialmente durante la presidencia de Rivadavia, que lo ascendió a Coronel. Empleando métodos novedosos por primera vez logró derrotar a los araucanos. Ya con Rosas en el Gobierno, la frontera logra extenderse llegándose a la fundación de Bahía Blanca en 1828, Con posterioridad al motín de Juan Lavalle y luego el fusilamiento de Borrego, los araucanos volvieron a la ofensiva acompañados por gauchos seguidores de Rosas conformando lo que podrían llamarse las primeras montoneras en la pampa bonaerense. Llegado al Gobierno en 1829, Rosas mantuvo su política de negocio pacífico con el indígena proporcionándoles sueldos y raciones, sin embargo no todo lo aceptaron, los ranqueles y los que acompañaban a los hermanos Pincheira que enarbolaban el pendón del rey de España fueron durante años el azote del sur de Chile y de las fronteras del Desierto argentino. Fue contra ellos y contra quienes se consideraban rebeldes que Rosas en 1833 realizo su campaña al Desierto dando un seguro golpe a las tribus araucanas, aunque no logró el cometido de la pacificación de las fronteras. Aún después de 1833 la situación frente a los Ranqueles fue tan crítica que se llegó a la determinación crítica de abandonar la provincia. Posteriormente, la aparición de Calfucurá, quién atacó y venció a los Boroas. La resonante aparición de Calfucurá que había sido “conchabado para perseguir indios alzados” dio un vuelco determinante que le permitió a Rosas gobernar durante un largo período en paz. Fue después de Caseros cuando Calfucurá muestra su poderío anunciando su propósito de: “venir a Tapalqué a llevar la indiada a este punto y a los que no quisieran salir de entre los cristianos matarlos, pues es hoy cuando deben unirse todos los indios para resistir a los cristianos” (Roberto Marfany: Las fronteras del Estado de Buenos Aires) “…enseguida, arrasó la zona de Bahía Blanca” Ante esto, desde Buenos Aires, el entonces Coronel Bartolomé Mitre, escribía en su diario “Los Debates”: “… el argumento acerado de la espada tiene mas fuerza para ellos, y este se ha de emplear al fin para exterminarlos o arrinconarlos en el Desierto” En 1855, como ministro de Guerra del Estado de Buenos Aires, salió a combatirlos después de haber declarado: “Respondo hasta la última cola de vaca de la Provincia de que en adelante roben más los salvajes” pero la realidad no estaba con sus aspiraciones, fue derrotado primeramente por Catriel en Sierra Chica y luego puesto en fuga por la confederación de tribus al mando de Calfucurá. Tampoco pudo hacer nada el General Hornos en su intento un año más tarde, en 1856 al mando de las mejores tropas del combate de Tapalqué ante este y otros desastres, Estanislao Ceballos escribía: “La frontera quedó rota, los indios paseaban los campos como conquistadores invencibles, el ejército estaba desmoralizado, el espíritu de la Guardia Nacional aterrado y el vecindario en plena desolación” Nota: Los artículos se han publicado en base a investigaciones realizadas en material existente en esta biblioteca.- Bibliografía: EL PAIS DE LOS ARGENTINOS – PRIMERA HISTORIA INTEGRAL – Fascículo 12 – LOS IMPERIOS DEL DESIERTO
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